Hoy no pienso escribir nada sobre política, ni de la maldita crisis que nos ahoga, ni de las mamarrachadas que tenemos que escuchar todos los días.
Leyendo los periódicos descubro que ayer fue el
aniversario de la muerte de
John Kennedy Toole, el autor de una de mis obras preferidas
La conjura de los necios.

La historia de cómo llegó a publicarse esta obra no tiene desperdicio, el autor
jamás la vió publicada y no pudo disfrutar del éxito y los premios que cosechó.
John Kennedy Toole nació en Nueva Orleans en 1937, era un niño tímido, hijo único, asfixiado por la figura de una madre sobreprotectora. A pesar de todo, era un magnífico estudiante y consiguió graduarse en la Universidad, se trasladó a Nueva York y allí pasó un tiempo como profesor de lengua inglesa en un colegio, poco después fue llamado a filas, donde estuvo dos años sirviendo en el ejército. Después volvió a Nueva Orleans donde comenzó a escribir
La conjura de los necios.
A pesar de que él estaba seguro del éxito de su obra,
nadie quiso publicársela y como era una persona muy frágil, comenzó a beber, abandonó su trabajo y acabó sus días un 26 de marzo de 1969,
suicidándose dentro de su coche, con una manguera conectada desde el tubo de escape a la ventanilla.
Parece ser que dejó una nota dirigida a su madre, Thelma, pero ésta la destruyó inmediatamente y no quiso revelar cuáles fueron los últimos pensamientos de su hijo.
No se sabe si por remordimiento o por amor, después de la muerte de John, Thelma se propuso que la obra de su hijo se publicase. Su insistencia fue recompensada cuando el autor Walker Percy accedió a leerla, descubriendo la obra maestra que es.
Por fin,
La conjura de los necios fue publicada en 1980, once años después de la muerte de su autor y no sólo fue un éxito entre los lectores, sino que, además, le concedieron el
Premio Pullitzer de ficción en 1981.

Si no la habéis leído, os la recomiendo. Aunque a veces deja un regusto algo amargo, pasareis un buen rato, ya que es una obra muy divertida. A su protagonista,
Ignatius, a veces le adoras y otras le odias, pero cuando llegas a la última página tienes ganas de más.