Llevo unos días padeciendo los desvaríos e idioteces que sueltan nuestros políticos cada vez que abren la boca. Y, aunque nuestro Amado Líder Cósmico se lleva la palma, no se quedan atrás los miembros, miembras, portavoces y sectas varias que le jalean.
Se plantan ante nosotros orgullosos intentando demostrarnos lo bien que hablan, lo bien que gobiernan y lo bien que gestionan, pero yo sólo veo a unos lerdos ignorantes que derrochan ineptitud y soberbia y que, cada vez, me convencen más de lo que siempre he sospechado: estamos en manos de idiotas.
Aunque lo que peor llevo, no es que sean los políticos con el nivel más bajo de la historia de la humanidad, es que están convencidos que tengo el mismo cociente intelectual que ellos y voy a aplaudir con las orejas cualquier mamarrachada que suelten, así, sin rechistar.
Esto es propio de políticos, bueno, de nuestros mediocres políticos, pero no sabía que también se había subido al carro de la tomadura de pelo nuestra queridísima Casa Real.
En todos los medios aparece la noticia de las “austeras” vacaciones de la
Familia Real durante su estancia en Mallorca. Después de leer la noticia, no sé si reírme de la broma o pillarme un cabreo monumental porque me parece de una desfachatez tremenda.
Sólo me gustaría decir a sus majestades, altezas, infantas, cuñados, nietos y demás especímenes reales que estoy harta de tomaduras de pelo, ¡ya está bien!
Si quieren ahorrar, quédense en Zarzuela y no salgan, o mejor, váyanse al exilio y dejen de vivir a costa de meter la mano en nuestros bolsillos. Si no van a hacer nada de eso, les recomiendo que calladitos están más guapos porque, con la situación actual, no está el horno para bollos.
¡Qué asco de todo!